sábado, 20 de octubre de 2007

Hamster

Reír o no reír… He ahí el dilema.

¿Qué es mejor para los labios,

sufrir los insultos de Citrus, ardores, lejías,

o levantarse en flores contra la lluvia de sal,

y oponerse a ella y que así cese? Jugar, crear…

Todo más; y decir así que con un trompo

damos fin a las torturas de la conciencia

y a todas las cruces, herencia de la tarde,

y decir: ven, invención, yo te deseo. Jugar, crear,

crear… ¡tornar acaso! ¡Qué difícil! Pues en el otro lado

del espejo ¿qué risas sobrevendrán

cuando despojados de las caladuras lúdicas

encontremos el silencio? He ahí la insanía

por que tan maloliente llega a ser la tristeza.

¿Pues quién podrá soportar los ahogos y nubes del llanto,

la cuchilla en la voz, el temblor de las manos,

la luna de la luz despreciada, la espera del canto,

la mirada distante de la televisión, la relectura

que la poesía sufre de quien está perdido,

cuando uno mismo tiene a su alcance la alegría

en el filo desnudo de la música? ¿Quién puede soportar

tanto? ¿Gemir tanto? ¿Llevar de la siesta un recuerdo

tan aburrido? Nadie, si no fuera ese algo tras el juego

-ese país por descubrir, de cuyos confines

ningún viajero retorna- que confunde la libertad

haciéndonos pacientes ante los retos

antes que volar hacia un miedo desconocido.

La estupidez, así, hace a todos cobardes

y, así, la verde naturaleza de la nefreganza

se entumece en las alambradas fibras del amor;

y así caballos de madera y trenes para armar

llegan a torcer su rumbo al ocultarse

para nunca volver a merecer el nombre

de la acción. Pero, máscaras… la hermosa Calesita. ¡Hermana,

en tus vueltas, jamás olvides mi dolor!


1 comentario:

Verónica Pena dijo...

Ayer viernes -me vieron- fuimos con el otro 4º a la expo del El Galpón, el museo itinerante del juego y el juguete. De regreso al aula, les di a sus compañeros una consigna que les propongo a Uds. y que -como ven- me inspiró: un monólogo de Hamlet niño -o algo así. ¿Se animan?
Besos