viernes, 18 de abril de 2008

En círculos





Caminan en círculos a una prudente distancia

sin saber si es su propia voluntad la que los lleva

Caminan

círculos

con los pies descalzos sobre el cementerio.

Se pasan cautelosos

la caja.

Como dicen lo mismo, no se escuchan.

Como les falta lo mismo, no se miran.

Y si se mueren de amor o de odio da lo mismo

Porque los dos están igual de ciegos.

Los dos dispuestos

a olvidar

se preparan sobre la marcha.

Uno atrás del otro y el otro atrás del uno

y la caja

en el medio.

Se carcomen los sesos profetizando sobre las marcas que dejan atrás

Y las marcas a las que vuelven cuando completan los

círculos

nada más que ruinas en el tiempo.

Porque si no hay

tiempo, no hay

ruinas.

Caminan en círculo todos los hijos en sus madres en sus padres en sus nietos.

Siempre es la misma pesada

caja

atrás va quedando

la tormenta y ayer aparece otra.

Las pausas.

Por qué hay que pensar dos veces cuando te llevan a dar una vuelta.

Puede ser larga

como la caja.

Empezando a olvidar es tarea sencilla

Cuando logramos tener total noción del otro

entonces, recordar, no es

necesario.

Caminan siempre para el mismo lado

Cada vez más cerca de sus ejes.

Caminan nunca

paran

Caminan nunca

duermen

Caminan nunca

vuelven

Caminan

Caminan

círculos.

Cuando todos los custodios aprenden a esperar

el círculo se detiene.

Se cae la caja.

De la caja sale un niño.

Del niño sale una luna.

Y finalmente

se animan a

llorar.




3 comentarios:

Martina dijo...

Que bueno que dicen tantas cosas en las clases. Que bueno, Vero, el orden que me propusiste...como verás, me gustó mucho y decidí subir el poema con tu forma.

Besos!
Martu

Pablo Lozano dijo...

¡Genia! Me encantó.
Te mando un beso bien grande.

Verónica Pena dijo...

"Pero no explico..."

Había que encontrar una manera de leer unos poemas en los que algo de su sonoridad merecía ser escuchado con cuidado. Julián y Dana/Dana y Julián nos representaron su "Canción de la madre del Amargo" de Federico García Lorca. Caminaban en círculo uno detrás del otro, despacio. El que iba adelante llevaba el cartón con el poema, justo cuando terminaba un verso, lo alcanzaba el que iba detrás y recibía el cartón y la resposabilidad del siguiente verso. Al final del poema, habían llegado al punto de partida y el último dejaba caer el papel.
Lo hicieron dos veces, a pedido del público. Fue conmovedor. Todxs vimos la procesión tras el muerto, todxs lo vimos caer hacia la muerte. Todxs vimos la doliente seguridad del paso de la madre.

Estábamos a dos días del 24 de marzo y la memoria, que busca su propio ritual, nos sobrevino. Amarga, claro, amarga madre.

Entonces fue que Martina escribió.