viernes, 20 de julio de 2007

“La mediocridad para algunos es normal. La locura es poder ver más allá”.

Ver más allá significa no encerrarse en un solo pensamiento. Los libros desarrollan la imaginación, por lo tanto, desarrollan el ver más allá. Entonces, Don Quijote está loco.

A diferencia de los demás, Don Quijote es un hombre con un nombre ideado por su propia imaginación. Eso le permite escapar de la realidad de los demás para ir a su propia realidad, con sus propias aventuras, sus propias ideas del bien y el mal y su propio nombre.

En teoría, un caballero es un hombre fuerte, valiente, musculoso. Un héroe. Pero Quijote es todo lo contrario. Sin embargo, tiene la suficiente valentía como para enfrentarse a gigantes (también llamados “molinos”); o acuchillar al gigante de la princesa Micomicoma (conocido como “cueros llenos de vino”).

El antiheroísmo del Quijote lo hace tan ingenuo, que salva a quien no quiere ser salvado, y confía en quien no debe confiar. Es que para los caballeros, los juramentos son inquebrantables. Pero lamentablemente, los caballeros solo existen en los libros, y un campesino grandote no dejará de golpear a su peón por más que lo jure.

No todo es como en los libros de caballería, en los que cuando un juramento se realiza, un gallo canta dos veces para sellarlo. El personaje de Oscar Wilde, el fantasma de Canterville, queda ridiculizado después de hacer un juramento terrible y haber esperado por horas el segundo canto del gallo, el cual nunca llegó. “Consultó varios libros de caballería, cuya lectura le interesaba extraordinariamente, y pudo comprobar que el gallo cantó siempre dos veces en cuantas ocasiones se recurrió a aquel juramento”. Pero esta vez no.

El tema de convertir a un típico personaje fuerte en una burla o parodia me lleva a relacionar la obra de Oscar Wilde con la novela de Cervantes. En las dos, los típicos personajes fuertes y respetados, son humillados, ridiculizados y desvalorizados.

En las dos obras hay un encuentro entre dos realidades distintas. En El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hay un choque entre la imaginación y la lógica. En El fantasma de Canterville existe una familia de una sociedad no asustadiza y el fantasma que no logra su objetivo de asustarlos. La diferencia de códigos no permite la comunicación. “Aquella gente se encontraba, evidentemente, en un plano inferior de vida materialista, y era incapaz de apreciar el valor simbólico de los fenomenitos sensibles. La cuestión de las apariciones de fantasmas y el desarrollo de los cuerpos astrales eran para ellos cosa desconocida y fuera de su alcance."

A veces el no tolerar la diferencia provoca tratar de eliminarla. Un ejemplo es la quema de libros en El Quijote y el lavar la mancha de sangre en la alfombra de Canterville. No se aceptan, se borran.

2 comentarios:

Martín Gramajo dijo...

Decididamente estoy loco. ¿no?

BRENDA dijo...

Y gracias que sos un loco suelto que puede leer sobre otros locos y firmar blogs. Ojala nunca vuelvan a enjaular a los que ven mas alla...