Fue importante para mí ver, en el TMGSM, la puesta de Sergio Renán de Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, porque me dejó reflexionando sobre ciertos temas. Es imposible no movilizarse junto al Doctor Stockmann cuando hace su denuncia sobre la corrupción del poder y la manipulación del periódico.
Una frase que me llegó y que pienso repetirme es: “La mayoría tiene la fuerza, pero no tiene la razón”. No siempre las mayorías deciden correctamente, no por ser mayoría tienen la razón.
Es fácil comprobarlo cuando hay elecciones, muchas veces se ha elegido un presidente por mayoría y luego se ha comprobado que no se había elegido la mejor opción.
También son un buen ejemplo las encuestas anteriores a una elección. Creo que son engañosas porque manifiestan la opinión pública y mucha gente, la que no tiene una convicción política o un voto decidido, se deja llevar por lo que la mayoría va a votar. El enemigo más peligroso de la razón y de la libertad es la opinión de la mayoría.
Muchas veces, en los grupos, los individuos no se animan a defender su postura o su idea por vergüenza de ser visto como uno distinto y se dejan llevar por la mayoría, abandonan sus propias ideas. En mi caso personal, a veces he tenido que enfrentar a mi familia, dejando aparte los afectos, sobre cuestiones en las que yo no pensaba igual que ellos y, aunque sé que pensaban que yo siempre iba en contra de los suyos, me mantuve siempre fiel a mis ideales.
A veces, la verdad trae problemas, pero siempre es mejor decir la verdad y no dejar las cosas ocultas y tapadas porque alguna vez pueden salir a la luz y quizás sea tarde para remediarlas.
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miércoles, 28 de noviembre de 2007
viernes, 23 de noviembre de 2007
Los enemigos y el pueblo
En Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen (fuimos a verla al TMGSM, en la puesta de Sergio Renán) observo una pelea totalmente distinta por parte de los dos bandos, uno liderado por Pedro, hermano del Thomas Stockmann y alcalde de la ciudad y el otro, por encontramos el Dr. Stockmann, amigo del pueblo, una persona que está donde llegó gracias a sus buenas relaciones y el apoyo de la ciudad, un hombre de saber.
Por esto que puedo relacionar esta obra con la frase: "La grandeza inspira envidia, la envidia engendra rencor y el rencor genera mentiras"
El Dr Stockmann tiene grandeza, una grandeza noble, nada que ver con la que tiene su hermano, que es solo entregada por un diploma de universidad y un buen puesto de trabajo. Y como dice la frase, la grandeza del Dr. Stockmann genera envidia en Pedro, la envidia de Pedro le genera rencor a su hermano, y este rencor genera mentiras en la boca de Pedro.
Pero a pesar de todo esto otra de las cosas más interesantes de la obra, según mi parecer, se encuentra en el silencioso papel que protagoniza la opinión pública, no en los hermanos enemigos, sino que en el pueblo. Ya que todo ronda alrededor de la opinión pública, la inclinación del pueblo por una de las dos ideas y la pelea de los hermanos por imponer cada quien la suya contra la otra es lo que genera el conflicto, y con este la pregunta: ¿quién es realmente el enemigo del pueblo? ¿El que pelea por sus ideales o el que pelea por su derechoa ser reconocido por lo que él es? Por más que sabe que no es lo correcto ponerse en contra de la verdad, las ideas de su hermano, él se le opone para resaltar, para poder tener a la mayoría de su lado.
También creo que esta obra refleja la relación entre hermanos, en la cual uno quiere tener todo lo que del otro y viceversa, de manera que Pedro quiere lo que tiene Thomas: ser visto como una gran persona y tener el apoyo de los
ciudadanos. Tampoco en la obra nunca se hace referencia a la familia de Pedro, por lo que supongo que este no tiene familia y Thomas sí, su hermano tiene una esposa e hijos que lo quieren y él no, por lo que también se le puede generar envidia por ese lado que, personalmente, creo que es uno de los más fuertes, porque uno siempre tiene a la familia para contar, y el caso de que Pedro no la tenga afecta también la relación con su hermano.
Y a su vez, es asombroso que una obra escrita hace más de 122 años pueda representar la actualidad de una forma tan real como lo hace la obra de Henrik Ibsen. La participación que gana la voz del pueblo a la hora de tomar decisiones refleja la participación del pueblo en la actualidad que vota a favor o en contra de las ideas de los dirigentes y la forma en la que esta votación se lleva a cabo podemos observar en esta obra. La pelea de la verdad y la justicia.
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domingo, 18 de noviembre de 2007
AGUA
Basta que el hombre vaya a la cocina y en esta hora primaveral abra una canilla y llene un vaso con agua y después mire esa misma agua en la luz que se filtra a través de los vidrios de la ventana para que la imaginación se dispare y comience una carrera loca y nada sea igual que un minuto antes, porque ahora el
hombre está pensando que el agua de su vaso viene desde ese mismo río que él puede descubrir cada mañana más allá de los mástiles de los barcos amarrados en las dársenas, desde aquella masa uniforme y monótona que casi no cambia con las variaciones del cielo y las estaciones, entonces, el hombre medita en el largo y complejo proceso de depuración y de qué manera el agua, a través de innumerables e insospechadas cañerías, en el vientre de la ciudad, llega finalmente hasta ahí, a su departamento, a la cocina de su departamento, a la canilla que acaba de abrir para saciar su sed, agua venida desde aquel río profundo y oscuro, agua cristalina, límpida, transparente, agua pura a menos que una mente afiebrada, aun en la calma de un mediodía como este, quiera cargarla de imágenes de horror, enturbiándola, ensuciándola, volviéndola súbitamente intolerable, imágenes, imágenes, aspas que no son de molinos girando en la noche negra, hélices de anchas palas sobre pájaros de muerte embistiendo elarie del río, bultos arrojados al vacío, cosas vivas cayendo cayendo y después hudiéndose en el agua revuelta, hacia el fondo, hacia la oscuridad absoluta, hasta mezclarse abajo con el barro milenario, con desechos milenarios, lejos para siempre de la luz y las respuestas y la posibilidad de cordura, allá en el agua del río, esa misma que ahora el hombre se dispone a beber para saciar su sed en la cocina de un departamento invadido por la tibieza de un día soleado y la música del grabador, agua clara, purificada, desinfectada, con su justa proporción de cloro, que llega con la misma eficiente facilidad a otras canillas, en edificios céntricos, en los suburbios, en casas, oficinas, conventillos, mansiones, hoteles transitorios, cárceles, hospitales, cementerios, canillas de plástico, canillas de oro, la misma que llena la pila bautismal de las iglesias,, las piscinas para el deporte o el placer, la que lava la piel de los recién nacidos igual que la arrugada piel de los ancianos, la que acaricia a la adolescente detenida ante el espejo del baño orgullosa de su cuerpo en flor, la misma agua que acude a los miles de picos de las máquinas de café en todos los bares de la ciudad, la que alimenta macetas en ventanas y balcones y también algún nostálgico huerto de un inmigrante europeo en un barrio cualquiera, la misma que sirve para la cocción de alimentos y para borrar la sangre de los asesinatos, tinieblas, zumbidos en la noche, bultos arrojados, cosas vivas cayendo, silencio, agua de múltiples usos, agua que sirve para lavar otros muertos en ciertas ceremonias fúnebres, agua limpia, agua que según la tradición luce aproximadamente incolora, insípida, inodora, uno de oxígeno y dos de hidrógeno, agua transparente, óptima e insustituible para la higiene, agua que alberga espantos, bultos, cosas vivas cayendo cayendo, hundiéndose en el líquido oscuro, bajando bajando, perdidas, confundidas en el barro milenario, lejos para siempre de la luz y las respuestas y la cordura, agua que brota en chorros triunfantes en las fuertes de las plazas y es aprovechada a veces para los conciertos acuáticos durante las primeras horas de la noche, agua donde se bañan los gorriones, agua transparente, agua para las manos del cirujano, de la partera, del mecánico, de la maestra, del jugador de fútbol, del político, del policía, del comerciante, del artista, agua para lavar todas las manos, agua que ha perdido la inocencia, aspas que no son de molinos girando en la noche negra, hélices de anchas palas sobre pájaros de muerte, bultos arrojados, cosas vivas cayendo y cayendo, hundiéndose lejos para siempre de la luz y las respuestas y la posibilidad de cordura, agua que trae nombres, agua mansa útil indispensable a la civilización, agua llegada hasta este vaso a rtavés de complicados procesos de purificación y que ninguna purificación podrá jamás purificar del todo.
Antonio Dal Masetto
en El periodista de Buenos Aires Nº 62, 15 al 21 de noviembre de 1985
hombre está pensando que el agua de su vaso viene desde ese mismo río que él puede descubrir cada mañana más allá de los mástiles de los barcos amarrados en las dársenas, desde aquella masa uniforme y monótona que casi no cambia con las variaciones del cielo y las estaciones, entonces, el hombre medita en el largo y complejo proceso de depuración y de qué manera el agua, a través de innumerables e insospechadas cañerías, en el vientre de la ciudad, llega finalmente hasta ahí, a su departamento, a la cocina de su departamento, a la canilla que acaba de abrir para saciar su sed, agua venida desde aquel río profundo y oscuro, agua cristalina, límpida, transparente, agua pura a menos que una mente afiebrada, aun en la calma de un mediodía como este, quiera cargarla de imágenes de horror, enturbiándola, ensuciándola, volviéndola súbitamente intolerable, imágenes, imágenes, aspas que no son de molinos girando en la noche negra, hélices de anchas palas sobre pájaros de muerte embistiendo elarie del río, bultos arrojados al vacío, cosas vivas cayendo cayendo y después hudiéndose en el agua revuelta, hacia el fondo, hacia la oscuridad absoluta, hasta mezclarse abajo con el barro milenario, con desechos milenarios, lejos para siempre de la luz y las respuestas y la posibilidad de cordura, allá en el agua del río, esa misma que ahora el hombre se dispone a beber para saciar su sed en la cocina de un departamento invadido por la tibieza de un día soleado y la música del grabador, agua clara, purificada, desinfectada, con su justa proporción de cloro, que llega con la misma eficiente facilidad a otras canillas, en edificios céntricos, en los suburbios, en casas, oficinas, conventillos, mansiones, hoteles transitorios, cárceles, hospitales, cementerios, canillas de plástico, canillas de oro, la misma que llena la pila bautismal de las iglesias,, las piscinas para el deporte o el placer, la que lava la piel de los recién nacidos igual que la arrugada piel de los ancianos, la que acaricia a la adolescente detenida ante el espejo del baño orgullosa de su cuerpo en flor, la misma agua que acude a los miles de picos de las máquinas de café en todos los bares de la ciudad, la que alimenta macetas en ventanas y balcones y también algún nostálgico huerto de un inmigrante europeo en un barrio cualquiera, la misma que sirve para la cocción de alimentos y para borrar la sangre de los asesinatos, tinieblas, zumbidos en la noche, bultos arrojados, cosas vivas cayendo, silencio, agua de múltiples usos, agua que sirve para lavar otros muertos en ciertas ceremonias fúnebres, agua limpia, agua que según la tradición luce aproximadamente incolora, insípida, inodora, uno de oxígeno y dos de hidrógeno, agua transparente, óptima e insustituible para la higiene, agua que alberga espantos, bultos, cosas vivas cayendo cayendo, hundiéndose en el líquido oscuro, bajando bajando, perdidas, confundidas en el barro milenario, lejos para siempre de la luz y las respuestas y la cordura, agua que brota en chorros triunfantes en las fuertes de las plazas y es aprovechada a veces para los conciertos acuáticos durante las primeras horas de la noche, agua donde se bañan los gorriones, agua transparente, agua para las manos del cirujano, de la partera, del mecánico, de la maestra, del jugador de fútbol, del político, del policía, del comerciante, del artista, agua para lavar todas las manos, agua que ha perdido la inocencia, aspas que no son de molinos girando en la noche negra, hélices de anchas palas sobre pájaros de muerte, bultos arrojados, cosas vivas cayendo y cayendo, hundiéndose lejos para siempre de la luz y las respuestas y la posibilidad de cordura, agua que trae nombres, agua mansa útil indispensable a la civilización, agua llegada hasta este vaso a rtavés de complicados procesos de purificación y que ninguna purificación podrá jamás purificar del todo.
Antonio Dal Masetto
en El periodista de Buenos Aires Nº 62, 15 al 21 de noviembre de 1985
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viernes, 16 de noviembre de 2007
¿Daña el agua?
Como todos sabemos Un enemigo del pueblo es la obra más controvertida del noruego Henrik Ibsen, un clásico que sigue planteando problemas al lector o al espectador de la historia protagonizada por el doctor Stockmann, según mi parecer es la razón por la que perdura; empieza denunciando la corrupción de las aguas en un balneario y acaba comprobando que esa corrupción es una metáfora. Un enemigo del pueblo es una obra conflictiva, en la que se unen realismo y simbolismo y chocan los principios del individuo con los intereses de una sociedad que fue destruida por la corrupción del poder, la mentira y la manipulación de la realidad.
Lo que caracteriza a los clásicos se manifiesta en un texto como este, que sigue planteando, igual que el teatro griego, los grandes temas conflictivos que siempre están en la actualidad: el poder y la libertad, la verdad y la manipulación, la conciencia y los intereses, uno solo y la sociedad.
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El Publi-Pueblo
Luego de tener una visión general del libro y conocer en profundidad todos los actos, decido dirigirme al Teatro San Martín a ver Un Enemigo del Pueblo. Sentado a media sala, sin estar muy adelante ni muy atrás, comienzo a situarme en la obra. De esta manera creo estar en fines de 1800, en un pequeño pueblo liderado por burgueses acaudalados. Me siento un habitante de un pueblo que prosperó por lo mismo que luego se hundiría, y no por cualquier cosa digo "hundiría".
Ibsen pone en el centro un tema que se repetiría en varias de sus obras, el agua; como el agua tiene protagonismo en "La Dama del Mar", otra obra del noruego. Esta agua repetitiva para Ibsen ocasionar el conflicto en la obra. Dr. Thomas Stockman descubre que esa agua curativa, la que le había dado al pueblo prosperidad en los últimos años, se transformaría en un factor contaminante para toda la sociedad. Los estudios científicos del doctor lograban hacer vacilar la conciencia de los políticos y clase alta del pueblo, pero a la vez develar la pura verdad del hecho haría vacilar y por qué no hacer caer su posición y la de su familia dentro de su comunidad.
Mientras el pueblo se confunde, opina, critica, dialoga y acusa, de repente me vi dentro de esa masa de pueblo, muy bien representada tanto taeatralmente como en el texto. Uno queda con la opción de elegir de que lado está: el pueblo y la clase política se inclinan a culpar al personaje principal . Pero luego de sentirme uno más del pueblo, observo la reacción y la decisión del doctor, que basándose en sus principios y siendo presionado para negar lo investigado decide seguir adelante y logra dejar en claro delante de la sociedad y la prensa, la corrupción de la clase politica y empresarios.
Aquí es donde veo la relación con El Ingenioso Don Quijote de la Mancha, no tanto por el contexto ni por los hechos en sí, sino por la actitud de ambos protagonistas principales en el realizar lo que ellos desean sin importarles la opinión pública. Mientras Quijote se enamoraba de sus libros y de su "propia" realidad, asimismo lo hacía el doctor con sus investigaciones sobre el agua y con el coraje y valentía de sacarlo a la luz sin detenerse ante un porvenir más que anunciado. Ambos personajes hicieron lo suyo, sea con fines más importantes o menos, ambos realizaron lo que sentían, pero sin importarles los murmullos o los gritos de todo el pueblo.
Pero de esta manera queda expuesto el pueblo a ser una pequeña representación de la ideología de la clase política. Aquí es donde encuentro lo más interesante de la obra de Ibsen. La actitud no del enemigo, sino del pueblo. Ese silencio parcial que hace el pueblo frente a lo ocurrido remite en muchas realidades actuales o a algunas del pasado. ¿Por qué no podría recordar años nefastos para la historia argentina en los que la toma del poder por militares provocaba silencios en el pueblo más que llamativos? Este pueblo se veía rodeado de silencios que, en este caso, no es de los inocentes sino de un pueblo que poco de inocente tiene y sabe lo sucedido, pero prefiere callar, la oscuridad, el agua tóxica.
Pero a la vez ese pueblo era Yo en la obra, yo sentado en mi butaca me sentía uno de ellos, me sentía un prisionero más del silencio político corrupto que, muy bien representado por Sergio Renán, logra que el público se identifique y haga que cuando termina la obra uno diga... ¿Entonces yo era ese pueblo silencioso? o quizas yo soy ese pueblo silencioso. Una historia de hace más de 120 años da el mismo resultado en una realidad mucho más cercana y presente .
Ibsen pone en el centro un tema que se repetiría en varias de sus obras, el agua; como el agua tiene protagonismo en "La Dama del Mar", otra obra del noruego. Esta agua repetitiva para Ibsen ocasionar el conflicto en la obra. Dr. Thomas Stockman descubre que esa agua curativa, la que le había dado al pueblo prosperidad en los últimos años, se transformaría en un factor contaminante para toda la sociedad. Los estudios científicos del doctor lograban hacer vacilar la conciencia de los políticos y clase alta del pueblo, pero a la vez develar la pura verdad del hecho haría vacilar y por qué no hacer caer su posición y la de su familia dentro de su comunidad.
Mientras el pueblo se confunde, opina, critica, dialoga y acusa, de repente me vi dentro de esa masa de pueblo, muy bien representada tanto taeatralmente como en el texto. Uno queda con la opción de elegir de que lado está: el pueblo y la clase política se inclinan a culpar al personaje principal . Pero luego de sentirme uno más del pueblo, observo la reacción y la decisión del doctor, que basándose en sus principios y siendo presionado para negar lo investigado decide seguir adelante y logra dejar en claro delante de la sociedad y la prensa, la corrupción de la clase politica y empresarios.
Aquí es donde veo la relación con El Ingenioso Don Quijote de la Mancha, no tanto por el contexto ni por los hechos en sí, sino por la actitud de ambos protagonistas principales en el realizar lo que ellos desean sin importarles la opinión pública. Mientras Quijote se enamoraba de sus libros y de su "propia" realidad, asimismo lo hacía el doctor con sus investigaciones sobre el agua y con el coraje y valentía de sacarlo a la luz sin detenerse ante un porvenir más que anunciado. Ambos personajes hicieron lo suyo, sea con fines más importantes o menos, ambos realizaron lo que sentían, pero sin importarles los murmullos o los gritos de todo el pueblo.
Pero de esta manera queda expuesto el pueblo a ser una pequeña representación de la ideología de la clase política. Aquí es donde encuentro lo más interesante de la obra de Ibsen. La actitud no del enemigo, sino del pueblo. Ese silencio parcial que hace el pueblo frente a lo ocurrido remite en muchas realidades actuales o a algunas del pasado. ¿Por qué no podría recordar años nefastos para la historia argentina en los que la toma del poder por militares provocaba silencios en el pueblo más que llamativos? Este pueblo se veía rodeado de silencios que, en este caso, no es de los inocentes sino de un pueblo que poco de inocente tiene y sabe lo sucedido, pero prefiere callar, la oscuridad, el agua tóxica.
Pero a la vez ese pueblo era Yo en la obra, yo sentado en mi butaca me sentía uno de ellos, me sentía un prisionero más del silencio político corrupto que, muy bien representado por Sergio Renán, logra que el público se identifique y haga que cuando termina la obra uno diga... ¿Entonces yo era ese pueblo silencioso? o quizas yo soy ese pueblo silencioso. Una historia de hace más de 120 años da el mismo resultado en una realidad mucho más cercana y presente .
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martes, 6 de noviembre de 2007
La razón del sistema
Brenda, Martu, juguemos con las matemáticas, nuestra no vocación, nuestra no pasión, nuestro no fuerte. Juguemos con ellas como si de animalillos indefensos se tratara. ¡Sí! Gastemos a las matemáticas, mezclémoslas con las letras, saquémoslas de las insoportables hojas cuadriculadas para llevarlas a las rayadas. ¡Se van a volver locas, se van a perder en el rallador como un queso!O mejor aún, van a rebozar de letras como la milanesa reboza de pan rallado. Nos gustó la idea, vamos a experimentar con los números, a darles un sentido que nos haga interesarnos en ellos y odiarlos un poquito menos.
Aclaración: El texto puede sonar serio al principio, pero es posible que a partir de cierto punto medio empiece a adquirir un dejo de locura. Estamos jugando. Gracias.
Vamos a retomar un conflicto vigente hasta el día de hoy para referirnos a las mayorías (nos inspiramos en la obra Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen). He aquí lo que pensamos de ellas, lo que la sociedad supone de ellas.
Por ejemplo, Adolf Hitler representó al pueblo. Tenía la razón y el apoyo. Eran los cuerdos de la historia.
Hitler=Pueblo, mayoría, cuerdos.
El judío representa a la minoría, a la fuente de la locura que se quiere erradicar.
Judíos=Locos, minoría.
Basándonos en esto, la minoría generalmente representa al loco según la mayoría, la cual cree que siempre está en su sano juicio.
MINORíA=LOCO
MAYORÍA=CUERDO
LA RAÍZ DEL LOCO ES IGUAL A LA MAYORíA AL CUBO QUE LE ADJUDICA ESE TÍTULO. POTENCIAS DE DIFERENTES BASES, NO SE PUEDEN SUMAR. lA ECUACIÓN QUEDA INCOMPLETA Y NO TIENE SOLUCIÓN.
CONJUNTO SOLUCIÓN= VACÍO.
Saquemos el dominio de la ecuación.
mayoría>0
0=locos
se elimina la minoría, se cancela.
¿Pueblo nazi. Facho. Cuerdo?
Pensamos en dos posibilidades de ver el mundo:
1) dedos/mayoría D locos = {índice, anular, meñique, gordo} hacia abajo
dedo/dedo minorial o cuerdo {mayor} que mira hacia arriba
2) dedos/D normales, cuerdos, mayoría bah = {índice, anular, meñique, gordo} hacia arriba
dedo/ hacia abajo: "loco", hacia arriba. spidermal. trepa. = {mayor}
El modelo 2) es el que implementamos en la actualidad. Pero, ¿no podría ser al revéeeeeeeeees?
¡chan chan cha chaaaaaan!
(Basándonos en que la minoría son locos:)
Los sipidermales cuelgan arriba, en el cielo con diamantes. Agarrados de una telaraña, fina cuerda. La telaraña.
NO TIENEN LOS PIES SOBRE LA TIERRA Y SE LOS LLAMA LOCOS.
La mayoría los mira con desprecio, con un poco de envidia, pero en secreto. Son los spidermales porque son el mal para la mayoría, para el pueblo.
Amenazan con ideas revolucionarias, distintas, incoherentes.
Las mary janes de todos los spidermales son sus sutiles cables a tierra. Son como Sancho Panza,
el mitad-cuerdo-mitad-loco. ...En la sala de espera.
1/2 de cuerdo + 1/2 de loco = 1 panza confundido.
Por Brenda y Martina.
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domingo, 28 de octubre de 2007
"El hombre más fuerte es el que está más solo" Henrik Ibsen
La locura se muestra, de una manera paralela en las dos obras (o las tres) de las que venimos hablando últimamente. Aunque a primera vista la locura de Hamlet y el enloquecimiento de Don Quijote parecen contraponerse, un análisis de sus hechos y monólogos, descubre una gran similitud.
¿No podría ser el mensaje de Shakespeare y de Cervantes el que, en realidad, sus héroes no son los locos, sino que la locura se encuentra en quienes roban, matan, no respetan a los otros, carecen de modales y están ahogados en ignorancia? ¿Que la época ha perdido su sentido y juicio, dicho con las palabras del maestro Shakespeare?
Allí adonde pertenecen estos dos enloquecidos, quizás sean pueblos ensordecidos e ignorantes como el del "enemigo". Y la locura de los personajes sea una manera de reclamo a la sociedad de la que los autores formaron parte, tan sucia como el balneario de Tomás, las cuales les sirvieron a Shakespeare y a Henrik Ibsen para criticar la realidad respectivamente contemporánea, en la que el mundo vivía de forma absurda en una Europa llena de guerras y de desórdenes. La locura sería un artificio para juzgar la demencia de los otros.
Don quijote, por su parte, es un personaje solitario, que encuentra en los libros, en la locura, una salida de la realidad. Hamlet decide fingir que está loco después de haber hablado con la Sombra de su padre, pero "admite" su locura en varios momentos. Creo, sin embargo, que encuentra en ella tanto un instrumento para manipular a la gente en torno a él, como un refugio que lo protege, al igual que a Don Quijote, de la realidad.
Veo en los personajes a sus autores: son seis rebeldes: Sheakespeare y Hamlet, Cervantes y Don Quijote, Tomás y Henrik Ibsen; con ideas poco distintas, con un poco más de conciencia y de coraje, que intentan encontrar la salida a sus angustias, tanto contando la historia de un personaje, como alocándose.
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