lunes, 1 de diciembre de 2008
Contra el espanto
sí, con apellido.
Como todo lo que sufre y crea.
Pero no, no tenías/tenés permiso para sufrir.
¿Y qué?
(aquí empezó a dolerles el huesito).
Posiblemente existas de ese modo, pálido, flaco.
Ya que no quiero que tu piel se marchite,
que tu risa caiga a pedazos,
que tu sangre se hunda para siempre.
¡No! Y como duele...
¿Quién se ha muerto? ¡Mentira!
Y me detengo.
Déjame un poco de este maldito gozo.
martes, 3 de junio de 2008
Violín del triste
Violín y otras cuestiones, de Juan Gelman es un libro que nos da la sensación de tristeza. Las cosas que se suponen que deben ser bellas / dulces como un atardecer, o una calesita, están representadas por cosas tristes como " Iba sin luz, sin una rosa. Sin un poco de mar, sin un amigo. Me vio el caballo de la calesita. Me vio tan solo que se fue conmigo".
En cada poema podemos hallar ciertos temas que se repiten, como el de los niños (mencionados en algunos poemas como "el hijo"), que -conociendo el pasado de Juan, cuyo su hijo con su esposa embarazada conforman la gran lista de "desaparecidos"- pudimos comprenderlo de distinta manera a la que lo hubiésemos interpretado sin considerar este aspecto de su biografía.
Al leer su obra nos atrapa un deseo de justicia, que no tiene miedo de manifestarse, pero no por eso deja de ser dolorosa. Habla con signos de exclamaciones, utiliza muchos paréntesis, las barras y en varios poemas utiliza la disposición del texto en la página, generando ciertos sentidos.
Encontramos que el libro está separado por capítulos y nos pareció raro encontrar algunos poemas con títulos y otros no; y de su ultima poesía creemos que no es coincidencia que se titule "Final", lo que a primera vista parece como si hablara de la poesía en general, pero luego de leer el libro y analizarlo podemos reconocer argumentos ya mencionados en otros poemas.
Mientras hacíamos este texto, nos dieron ganas de hacer una actividad parecida a la del diario pero cambiando un poco las características. Agarramos algunas frases de los distintos poemas y armamos uno nuestro. Esperamos que guste.
Contra el espanto-
Así eras,
Una ternura, si, con apellido.
Como todo lo que sufre y crea.
Pero no,
no tenias/tenes permiso para sufrir,
¿Y qué?
(aquí empezó a dolerles el huesito).
Posiblemente existas de ese modo, pálido, flaco.
Ya que no quiero que tu piel se marchite,
que tu risa caiga a pedazos,
que tu sangre se hunda para siempre.
¡No!
Y como duele...
¿Quien se ha muerto? ¡Mentira!
Luli y Joy/ Joy y Luli
En Interrupciones I
Afuera seguía la lucha de clases, el capitalismo brutal, el duro trabajo, la estupidez, la represión, la muerte, las sirenas policiales cortando, la noche. Él tomo el endecasílabo, y con mano hábil lo abrió en dos cargando de un lado más belleza y más belleza del otro.
¿Quién es esta sombra que camina lejos?
Camina, camina, camina. Solo, y no tan solo, porque luego de tantas preguntas puede afirmar que el extraño sanantoniano bicho de Dios esta al lado de él encima de él abajo de él, así como estan su mujer, su hijo y sus compañeros, entre cada letra o palabra o verso. Y la Revolución. No deja de caminar.
Da pasos llenos de dulzura y tristeza, sin embargo no se da por vencido, y por un momento del recorrido, deja de acariciar el suelo con pasos/palabras suaves para emprender una corrida y pisar fuerte, tanto como esas botas. La furia lo abarca y acaba, y cava el 76 cava el 77. La sombra no puede parar de volar. Mata a la derrota con cada uno de sus versos asesinos y apalabra con rabia la muerte. Pero la memoria lo frena, la furia le da frío, y retoma su viaje, vuelo de gorrión que no olvida ni deja que una gota seque. El pajarito rejunta los pedacitos rotos y los desmuere, renaciendo sus seres amados y caminandolos con las pies del mundo, sin parada
sin parada se desvió de su objetivo principal para llegar a la puerta del vos vos vosmí , para luego retomar el camino, esta vez acompañado, amando, reamando, rearmando.
¿camino que no descaminará?
¿uno que no se entiende sino en dos?
camino que no descaminará
uno que no se entiende sino en dos
Ignorancias
tiempos oscuros/luminosos/el sol
cubre de sol la ciudad partida
por súbitas sirenas/la policía busca/cae la noche y nosotros
haremos el amor bajo este techo/el octavo
en un mes/conocen casi todo de nosotros/menos
este techo de yeso bajo el cual
haremos el amor/y (que) tampoco conocen
los viejos muebles de pino bajo el techo anterior/ni
la ventana que la noche golpeaba mientras brillaba como el
sol/ni
las camas o el suelo donde
hicimos el amor este mes/rodeados de rostros como el sol
que
cubre de sol la ciudad
Juan Gelman
Poema partido como la ciudad reina de hipocresía, brillante/el sol, caliente/el sol, quema/el sol. El sol cubre la ciudad hasta convertirla en cenizas y al mismo tiempo, como barras paralelas, brilla entre dos cuerpos que hacen el amor bajo techo.
Y el sol puede brillar, aunque sea por un mes, si se ignora la oscuridad. A pesar de que la noche caiga y aplaste la ciudad, las palabras siguen su recorrido sin pausas, ignorando lo oscuro para brillar, y teniendo bien claras las consecuencias. Hablan hacia adelante, como en un tobogán, hasta que se encuentran rodeados de rostros que queman como el sol, que conocen casi todo de ellos, menos esa luz que los encandila mientras observan por la ventana. Ignorantes.
Las palabras tropiezan, el sol cubre sus cuerpos como a la ciudad.
Brenda Kreizerman
domingo, 1 de junio de 2008
Falleciente: presente activo de "fallecer"
Epitafio:
Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise, pero a veces me quisieron.
También a mi me alegraban:
La primavera, las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
(Aquí yace un pájaro.
Juan Gelman
"Epitafio" me habla de la muerte, por su título y por su conjugación verbal en tiempo pasado. Pero este no es cualquier pasado, sino uno donde el autor era feliz, ya que parece conocer esa sensación donde lo habitaban pájaros, flores y violines por doquier. Nunca deja de señalar en el poema a esa otra persona que lo acompañaba con "las manos juntas".
Desconcierta encontrar un paréntesis, ya que es poco común la ubicación de estos signos al final de un texto. No puede saberse si se trata de la adición de algún dato faltante o del mismo epitafio del cual habla el poema. El hecho de que el paréntesis esté escalonado representa un descenso, idea muy vinculada con la muerte, donde lo que representaba la felicidad unos renglones atrás se va desvaneciendo hasta que, finalmente, cae.
¿Qué es realmente lo que se murió? ¿Una persona o solamente una parte de ella?
El epitafio es un escrito sobre la tumba, donde supuestamente está el nombre de la persona falleciente. Pero nuestro epitafio no tiene ningún nombre, sino ciertas palabras que gracias a la lectura del poema sabemos que son las características de la persona que era feliz.
El epitafio de Juan Gelman anuncia la muerte de la felicidad.
Luli Setton
viernes, 9 de mayo de 2008
Hipótesis de escritura
Se trata de un momento crucial del trabajo del año. Si bien tenemos una práctica previa en la escritura de comentario de textos literarios, se trata ahora de encaminarnos hacia una producción crítica más formalizada (siempre considerando que l@s que leen y escriben son jóvenes adolescentes, no profesionales del ámbito académico).
La lectura se realiza como por capas: una primera vez, que a veces -¿por qué no?- es la mejor, en la que según su inquietud van señalando lo que sienten que pueden compartir con sus compañer@s y conmigo: algun@s preguntan por lo que no entienden, otr@s señalan descubrimientos de cosas raras, otr@s reformulan lo que el poema (les) dice, algun@s se imaginan para ello la situación que estaba viviendo el autor/ la autora cuando lo escribió (o su estado de salud mental, je) y así por el estilo.
En general, elijo para este momento un poema muy breve, lo copio en el pizarrón y dejo espacio para ir tomando apuntes allí mismo, tirando flechas, a partir de los aportes. En esta toma de notas, voy organizando sus dichos en tipos de comentarios, según recurrencias y excepcionalidades. Queda implícito en esta tarea un criterio que corresponde al saber disciplinar específico: yo sé leer en sus comentarios unos saberes sobre convenciones genéricas, tradiciones en cuanto a prácticas de interpretación, saberes especializados para el análisis aprendidos previamente, y yo sé también de unas relaciones entre esos planos que me permiten disponer del espacio en el pizarrón de modo tal de preparar su gráfica.
Al final, ell@s ya se van dando cuenta de que sigo algún orden en mi escritura y van guiándome, explicándola, corrigiéndome si entendí mal el sentido de un comentario (ell@s saben qué entendí según dónde lo anoto). Si esto no se da de suyo, lo propicio y entonces, me corrigen ante la explicitació del código y ordenamos tod@s junt@s las notas. Este suele ser un momento de revisión, entre pares, sobre lo dicho y de discusiones incluso acaloradas.
Quien viera el pizarrón podría equivocar lo allí escrito con un torbellino de ideas. Lejos de eso, para mis alumn@s y para mí es una primera producción colectiva que nos incluye a cada uno con su identidad, de expasión y contenida a la vez, y que busca por tanto su orden textual (el torbellino apela a otro tipo de producción, más abierta a lo inconsciente, al pensamiento no controlado, aquí, en cambio, estamos casi todo el tiempo discutiendo sobre por qué se nos ocurren ciertas cosas y cómo llamar y relacionar a esas ideas). Cuando les queda copiar en sus carpetas pueden reproducir o no visualmente la disposición gráfica que quedó en el pizarrón porque de todos modos conocen su significado (han participado de su generación) y pueden reformularlo (en general, para esto, buscan confirmación: saben que hay una relación entre ese orden visual y los significados de ese aprendizaje).
En el diálogo que entablamos mientras van haciendo sus sugerencias voy dando nombres de figuras y recursos cuando los describen más acabadamente y eso siempre genera nuevos hallazgos de otr@s compañer@s en el mismo sentido.
En una segunda clase, se enfrentan a esos apuntes para recordar a qué observaciones sobre el poema se referían (los apuntes no son lo mismo que la idea completa, sus ejemplos, ni el poema integrado), a veces esto en pequeños grupos. Esto hecho, les propongo del modo más clásico que cada uno piense de qué le habla el poema, aquí y ahora: es una decisión, no algo obvio; el poema podría hablar de muchas cosas pero yo no leo todas, no muchas al mismo tiempo, tampoco, honestamente. (Personalmente, como docente, estoy requetearchisuperpodrida de esa cantilena de que "un poema -cualquier texto literario- tiene múltiples, infinitas lecturas posibles", que "cada quien lo lee como quiere" y que después nadie lea nada, en resumidas cuentas. Hacer una lectura es un enorme trabajo, así que a eso nos dedicamos.) Compartimos esos temas en una ronda y van haciendo un listado que implica reconocer diferentes nombres para aproximadamente la misma idea, o hacer distinciones sutiles cuando nombrar de otro modo no da lo mismo.
Y entonces, elijo uno al azar y le pregunto: ¿qué le dice sobre ese tema, el que él/ella mencionó, el poema?, por ejemplo, ¿que la soledad qué? Y empieza a contestarme y por ahí se le suman otr@s, claro. Entonces, anoto esa proposicion en el pizarrón. El poema x plantea que "la soledad" (o... un sujeto, digamos) "es un vicio" (o... un predicado, ¿no?). "El poema x representa a la soledad como un vicio" es otra versión y hay muchas formas posibles de escribirlo. Jugamos a inventar unas cuantas hasta que la cuestión (de la escritura) queda clara. Sobre esta primera oración, empezamos tod@s a llenarla de preguntas, de cosas que habría que explicar para de dónde fue que se nos ocurrieron (a esta altura esta proposición es de tod@s, no solo de quien la propuso inicialmente). En realidad, lo que hacemos es poner signos de interrogación a las palabras claves de la proposición y debajo con diversos pronombres interrogativos vamos desarrollando preguntas sobre ellas. Después, a veces, tiramos líneas para asociar tipos de preguntas o para ordenarlas según cierta lógica. Entonces explico que las respuestas a esas preguntas pueden ir construyendo el contenido de nuestra exposición del análisis del poema. Y que todo el texto en definitiva defienderá esa idea original que es nuestra hipótesis de lectura.
Diversos caminos pueden seguirse de esto:
a) Escribimos colectivamente ese texto en el pizarrón (toma dos clases, al menos). Para eso suelo sugerir de tarea que cada uno/a responda algunas de las preguntas "parciales" planteadas. Cuando encaramos esta minuciosa tarea aparece casi siempre un momento muy interesante, uno que podría llamar -parafraseando a María José Bravo cuando propone "prestar la lectura"- un "prestar la escritura". No siempre, pero cuando sé que puedo efectivamente decirlo con una imagen que les va a gustar, que puedo sintetizar sorprendentemente lo que a ell@s se les enreda -si no va a hacer una gran diferencia, no lo hago ni ahí, ¿para qué molestarl@s?-, entonces, sí, pido permiso y borro y reescribo. En ese mismo momento o en una relectura de control, si ell@s no comentan nada (cosa rara, en general estallan en un "así no vale", o "yo no hubiera escrito nunca eso", etc.), les pregunto qué hay que ell@s no hubieran dicho así. Empezamos con esto un diálogo sobre lo que creemos que es correcto (generalmente lo complicado parece mejor dicho solo porque no se entiende, como si esta fuera una ¡maldita! -mal dicha- marca del saber); sobre permisos para explicar por medio de imágenes (otra forma de personalización de la escritura crítica, mucho más interesante y productiva que el "yo creo", "según mi opinión", que tratamos de evitar y sustituir por argumentos); sobre cosas que siempre les intrigan: el uso del punto y coma o de los dos puntos, la necesidad y la diversisdad de los conectores, entre otras.
b) Sobre la base de la misma tarea para el hogar, en pequeños grupos arman el texto ordenando las respuestas parciales y produciendo las que falten para dar coherencia al texto.
c) Alguna vez jugamos una suerte de cadáver exquisito pero de explicaciones: a cada "paso de la ronda", yo tiro una pregunta y ell@s reponden. Luego, el "disparate" resultante es motivo de una búsqueda de sentido (la proposición) que reordene en texto las ideas sobre el poema. (Esto es muy requetedifícil pero, más allá del resultado, se aprende sobre el orden de las ideas, sobre la búsqueda de coherencia en la escritura: que no alcanza con decir siempre todas cosas sobre el poema analizado, sino de construir sobre él una idea a lo largo de todo la exposición. Esta suele ser una pregunta motivadora: ¿qué idea querés dejar sobre el poema a través de tu texto?)
d) Sobre el modelo inicial de la proposición expuesta, cada uno vuelve individualmente o en duplas sobre el propio tema -o uno dicho por un compañero/ una compañera y que les interesae más que lo que ell@s habían pensado, también, ¿por qué no?) para elaborar una hipótesis personal; formular las preguntas a ella (para esto mejor que se ayuden entre compañer@s, por razones obvias: la necesidad de la presencia del otro que me lee y no me adivina); emprender la escritura del texto.
Esto último fue lo que hicimos este año, lo que está publicado sobre el poema "preguntas" de Juan Gelman, por acá cerca. (Por eso, Solana dice con Daniela , en un momento parcial de la tarea, que "lo evaluaron desde la obsesión" y destacan esta palabra, con la que se refieren su tema; y en el título del trabajo de Kevin, Matías y Laura está el cuestionamiento inicial.) Pero en el medio incorporé algo más: les llevé copias de un texto producido de resultas del mismo trabajo el año pasado sobre otro poema, uno que ell@s habían leído y comentado pero no analizado en profundidad (uno de e. e. cummings). Les di una cantidad de preguntas para analizar la construcción de este texto (qué diferencias y coincidencias encontraban entre las ideas que planteaba sobre el poema ese análisis y las que ell@s habían comentado en clase, qué orden temático seguía la exposición, qué características tenía el estilo en el que estaba escrito que ell@s creían tendrían que imitar en el suyo, si había algo que hubiera debido explicarse mejor para que se entendiera -hubo un interesante debate sobre el esfuerzo y la colaboración que debe poner el lector también en este trabajo). Recién después de esto se dedicaron a la escritura del propio texto.
Dos cosas importantes suelen ser motivo de interrupción de la tarea para el comentario o de observaciones y discusiones en el proceso de devolución para la reescritura: ¿qué es una conclusión? y ¿cómo se pone un título? Suelo dar para esto dos o tres indicaciones para comenzar a pensar el tema. Sobre la conclusión, que no es conveniente que sea la mención de un dato suelto que no se supo cómo relacionar con los demás: si algo no se sabe qué lugar ocupa en el propio razonamiento, entonces, caben dos opciones: si es muy interesante, se puede desarrollar hasta encontrar tal relación; si no lo es, mejor callarlo: no es necesario decir todo lo que a uno se le ocurrió. Esto hace aparecer en la charla la cuestión de que lo totalizante que aparece un análisis bien expuesto no tiene que ver tanto con que se haya dicho todo lo que había para decir sobre el poema (cosa imposible) sino con que lo que se diga esté todo "bien atadito", y justamente este "atado" es lo que permite la ilusión de que no hay más donde meter un bocadillo (y la fuerza argumentativa de la cosa). Sobre el título: con que no sea la descripción de la tarea escolar ("Análisis de tal poema de tal autor") ni la repetición del título del poema (¨´Preguntas"´de Juan Gelman), y con que se sientan autorizad@s a buscar el interés de sus lectores, ya hacen títulos muy buenos, por lo general.
jueves, 8 de mayo de 2008
¿Qué recuerdo?
"Preguntas" de Gelman es un poema que no puede ser escuchado, debe ser leído. Pero tampoco debe ser leído de cualquier forma, sino con atención y paciencia, no se debe sucumbir a la falta de puntuaciones y de control en la escritura, por supuesto, hecha a propósito por el autor. Es más, esta falta de puntuación y este ordenado desorden es lo que nos hace querer adentrarnos cada vez más en la lectura, lo que nos obliga a crear puntos y comas donde no hay, nos obliga a decidir dónde empezar y donde terminar para darle, no un significado grupal, sino un significado personal al poema. Porque solo de esta forma crearemos la pregunta para buscar la respuesta.
Este poema, reiteramos, no tiene puntos, ni siquiera punto final, tampoco empieza con mayúscula. Por eso uno en este poema ve recuerdos debido a que los recuerdos no podemos saber ni cuando empiezan, ni cuando terminan, ni tampoco por qué decidimos qué recordar y qué olvidar. Porque si uno solo recordara las cosas buena todos sabríamos por qué se recuerda algo pero lo malo también. Se recuerda lo humillante y lo grandioso, lo pobre y lo rico, recuerdos de felicidad absoluta y también de desgracia rebosante. Entonces ¿por qué? ¿Por qué una persona en su sano juicio querría recordar el día que la novia lo dejó? Es fácil: los recuerdos nos sirven para no olvidar porque si olvidamos tenemos que volver a empezar a recordar. Si navegamos con la vela del olvido nunca llegaremos a destino.
Aunque a su vez el recuerdo nos ayuda a olvidar, recordando lo bueno uno olvida lo malo que hubo antes. Me acuerdo de la medalla y no del cansancio de la carrera. Todos involuntariamente decidimos qué recordar y qué no. Aunque muchas veces queremos olvidar el recuerdo, es imposible olvidar lo que se necesita recordar.
Ahora ¿por qué en el poema no hay comas? También es sencillo, las comas no solo son una ayuda de escritura, la coma, muchas veces, es una ayuda sentimental, cuando uno quiere parar, no puede hacerlo en el medio de una oración, aunque quiera. No importa si ya su mente está desgarrada de tanto leer o si su vista está nublada por las lágrimas de una carta. ¡No se puede! Hay que esperar la coma, o el punto. Y el poema de Gelman no te deja parar, querés hacerlo, el poema te confunde, no estás acostumbrado, pero no podés, no hasta el final, que tampoco sabés si es el final. ¿Quién me dice que del otro lado de la hoja el poema no sigue y no podremos nunca descansar ni ordenarnos? Con los recuerdos es así, uno no puede parar de recordar aunque quiera, recuerda segundo a segundo todo el tiempo. Es imposible parar porque los recuerdos tampoco tienen comas. Es así como en el poema necesitamos seguir para poder parar en la vida.
Lau, Mati, Keko
A vuelta de correo
"Como mañana creo que no voy a poder estar en tu clase te mando por acá lo que hicimos con Dani Fuks sobre el poema PREGUNTAS de Juan Gelman, que por cierto no lo había leído (había faltado) y me quedé fasinada con él ahora.
Ya que navegas por mi sangre,
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo,
y eres furia de mí paciencia para mí
dime
¿qué diablos hago? ¿por qué?
-te necesito-.
¿Quién eres?
muda, sola recorriéndome
razón de mi pasión, ¿por qué?
quiero llenarte
solamente de mí, y abarcarte
acabarte, mezclarme a tus huesitos y,
eres única.
Patria contra las bestias, el olvido.
Nos tomamos la libertad de ordenar los versos según nuestro criterio para resaltar los aspectos en los que estamos haciendo énfasis. En primer lugar, ya que lo evaluamos desde la OBSESION, usamos el encabalgamiento, y así alcanzamos el final de la oración en el verso siguiente, para dejar solas algunas palabras determinadas y, de esta forma, lograr que adopten mayor fuerza. Por ejemplo: "¿Qué diablos hago? ¿Por qué?/ -te necesito-."
Aquí, también, le agregamos signos de puntuación para remarcar nuestra lectura del poema.
Dejando solo el "te necesito" en un verso aparte, se genera un efecto de firmeza y brío mucho mayor que el que hubiese generado en caso de que los versos se dividieran de la siguiente forma "¿Qué diablos hago?/ ¿Porqué te necesito?"
En nuestra opinión, es claramente visible la obsesión del hombre por la mujer, la amada, aquella que no está y que desea más aún porque lo único que le proporciona es vacío y carencia que, por supuesto, se lleva a cabo luego de una previa unión. Es decir, tomar tomar tomar, y ceder violentamente, logrando que aquello que se cede desee ser tomado nuevamente.
El poema refleja el resultado de la eficaz histeria propia de la mujer, aquella que logra el acercamiento del hombre mediante su alejamiento.