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miércoles, 21 de noviembre de 2007

El hilito

En el marco del cierre del segundo trimestre del año, volvimos sobre nuestra cuestión central: la perdurabilidad y a la carga con nuestras preguntas: qué o quiénes perduran, de qué maneras, por qué causas, con qué consecuencias (dichas de manera muy general). Buscamos, recorriendo las tareas realizadas durante el trimestre, las que pudieran dar respuestas a algunas de estas preguntas. Lo que sigue es un caso.

Un día llegué al aula con dos textos para leer en voz alta. No anuncié el tema de la clase, el tema era construirlo entre todos a través de la lectura, como ocurre en la historia misma de la literatura, en la que nada existe sino a condición de ser leído (de primera o de quinta mano pero leído).


Uno era el capítulo original de El ingenioso hidalgo… en el que Don Quijote dirige su discurso relativo a las armas y las letras; el otro, la obra de Federico Jeanmaire (con Ángeles Durini, autor de la adaptación de la obra de Cervantes, con la que trabajamos) Papá. Esta es una obra autobiográfica muy intensa, impecable e implacable su belleza literaria, que entrama de la vida de Federico las relaciones con su padre militar y con su patria, en el contexto de la muerte del hombre y de la crisis nuestra del 2001. La oposición entre las armas y las letras que Don Quijote nos había presentado es claramente legible como motivo al interior de esta narración, de la que leí algunos fragmentos. Pero además, Jeanmaire se reiteraba como puente entre Don Miguel de Cervantes y nosotr@s, nuestro tiempo.

Varias asociaciones provocó esta lectura: se revisó el contexto histórico en el que Don Quijote enuncia su discurso, se observó la relación aparentemente paradójica entre el personaje y su autor; se recordaron otras obras en las que aparecía de otros modos la misma oposición: el historiador Mosca en El Eternauta y hasta el historietista mismo narrador de esa historia; se recordaron numerosos autores de literatura que han tenido su palabra como arma: Germán Oesterheld, Juan Gelman, Rodolfo Walsh, Miguel Hernández y la tensión más general de la literatura con el poder represor; se asoció este discurso, entonces, con otra escena que volvía a convertirse en motivo: la de la quema de libros y vino a la memoria Fahrenheit 451 de Ray Bradbury; se criticó el argumento de políticos contemporáneos abanderados de la libertad y la paz que no tienen otras armas que las de la violencia; se recordaron situaciones personales en las que una palabra había herido más que una piña; se relacionó la distribución entre las fuerzas físicas y las de la elocuencia con la tradición en la formación de los géneros sexuales.


Estaba claro en el tiempo de las conclusiones que esta actividad había hecho aparecer el concepto de motivo literario como algo que perdura hilvanando las obras y el pensamiento de una cultura y que, en ese hilo, nos lleva de unas obras a leer o releer otras.

A su vez, viene siendo esta oposición entre las armas y las letras un enlace, al interior del programa de estudios como discurso, para nuestra aproximación al Martín Fierro de José Hernández, en los tiempos en los que, en nuestro país, la diferenciación entre la actividad política, la militar y la literaria todavía estaba en ciernes, como él.

Las fotos son de Mariana Capponi. Muchas gracias.
_________________

Nota para que la lea algún amigo, alguna amiga, de Federico Jeanmaire y le cuente: vari@s alumn@s salieron de esa clase a comprar tu libro.

domingo, 18 de noviembre de 2007

AGUA

Basta que el hombre vaya a la cocina y en esta hora primaveral abra una canilla y llene un vaso con agua y después mire esa misma agua en la luz que se filtra a través de los vidrios de la ventana para que la imaginación se dispare y comience una carrera loca y nada sea igual que un minuto antes, porque ahora el

hombre está pensando que el agua de su vaso viene desde ese mismo río que él puede descubrir cada mañana más allá de los mástiles de los barcos amarrados en las dársenas, desde aquella masa uniforme y monótona que casi no cambia con las variaciones del cielo y las estaciones, entonces, el hombre medita en el largo y complejo proceso de depuración y de qué manera el agua, a través de innumerables e insospechadas cañerías, en el vientre de la ciudad, llega finalmente hasta ahí, a su departamento, a la cocina de su departamento, a la canilla que acaba de abrir para saciar su sed, agua venida desde aquel río profundo y oscuro, agua cristalina, límpida, transparente, agua pura a menos que una mente afiebrada, aun en la calma de un mediodía como este, quiera cargarla de imágenes de horror, enturbiándola, ensuciándola, volviéndola súbitamente intolerable, imágenes, imágenes, aspas que no son de molinos girando en la noche negra, hélices de anchas palas sobre pájaros de muerte embistiendo elarie del río, bultos arrojados al vacío, cosas vivas cayendo cayendo y después hudiéndose en el agua revuelta, hacia el fondo, hacia la oscuridad absoluta, hasta mezclarse abajo con el barro milenario, con desechos milenarios, lejos para siempre de la luz y las respuestas y la posibilidad de cordura, allá en el agua del río, esa misma que ahora el hombre se dispone a beber para saciar su sed en la cocina de un departamento invadido por la tibieza de un día soleado y la música del grabador, agua clara, purificada, desinfectada, con su justa proporción de cloro, que llega con la misma eficiente facilidad a otras canillas, en edificios céntricos, en los suburbios, en casas, oficinas, conventillos, mansiones, hoteles transitorios, cárceles, hospitales, cementerios, canillas de plástico, canillas de oro, la misma que llena la pila bautismal de las iglesias,, las piscinas para el deporte o el placer, la que lava la piel de los recién nacidos igual que la arrugada piel de los ancianos, la que acaricia a la adolescente detenida ante el espejo del baño orgullosa de su cuerpo en flor, la misma agua que acude a los miles de picos de las máquinas de café en todos los bares de la ciudad, la que alimenta macetas en ventanas y balcones y también algún nostálgico huerto de un inmigrante europeo en un barrio cualquiera, la misma que sirve para la cocción de alimentos y para borrar la sangre de los asesinatos, tinieblas, zumbidos en la noche, bultos arrojados, cosas vivas cayendo, silencio, agua de múltiples usos, agua que sirve para lavar otros muertos en ciertas ceremonias fúnebres, agua limpia, agua que según la tradición luce aproximadamente incolora, insípida, inodora, uno de oxígeno y dos de hidrógeno, agua transparente, óptima e insustituible para la higiene, agua que alberga espantos, bultos, cosas vivas cayendo cayendo, hundiéndose en el líquido oscuro, bajando bajando, perdidas, confundidas en el barro milenario, lejos para siempre de la luz y las respuestas y la cordura, agua que brota en chorros triunfantes en las fuertes de las plazas y es aprovechada a veces para los conciertos acuáticos durante las primeras horas de la noche, agua donde se bañan los gorriones, agua transparente, agua para las manos del cirujano, de la partera, del mecánico, de la maestra, del jugador de fútbol, del político, del policía, del comerciante, del artista, agua para lavar todas las manos, agua que ha perdido la inocencia, aspas que no son de molinos girando en la noche negra, hélices de anchas palas sobre pájaros de muerte, bultos arrojados, cosas vivas cayendo y cayendo, hundiéndose lejos para siempre de la luz y las respuestas y la posibilidad de cordura, agua que trae nombres, agua mansa útil indispensable a la civilización, agua llegada hasta este vaso a rtavés de complicados procesos de purificación y que ninguna purificación podrá jamás purificar del todo.


Antonio Dal Masetto
en El periodista de Buenos Aires Nº 62, 15 al 21 de noviembre de 1985

lunes, 15 de octubre de 2007

Martín Fierro a la Blogacción

Hoy es el día de la Blogacción, una iniciativa para que todos los weblogs en un mismo día reflejen desde su particular punto de vista un interés común. Este año se trata del medio ambiente, precupación a la que sinceramente adhiero, lo saben. A ello se debe la lectura a la que invito a continuación para promover el debate.
Temas sobre los que estamos conversando últimamente se ligan en esta acción por medios de los blogs. El canto que sigue es la parte inicial del contrapunto entre Martín Fierro y el Moreno hermano del que aquél mató. Se trata de un duelo por medio de la palabra que sustituye aquél de los cuchillos. No es menos filoso, no requiere menos coraje (lo hay en el hecho de contener la violencia), no es menos virtuoso que el de la esgrima del puñal. Por eso, lo vinculé con nuestro tópico de las armas y las letras, el cual nos propuso la lectura de El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, por una parte; y también, con la posibilidad de que hoy millones de palabraspensamientos (logos) en el mundo virtual (web) se alíen en la puesta en primer plano de un objetivo humano.
Además, claro, dos gauchos filosofan -no podría ser de otro modo- desde la tierra:

XXX

MARTÍN FIERRO
1039
Mientras suene el encordao,
mientras encuentre el compás
yo no he de quedarme atrás
sin defender la parada,
y he jurado que jamás
me la han de llevar robada.

1040
Atiendan, pues, los oyentes
y cáyense los mirones;
a todos pido perdones,
pues a la vista resalta
que no está libre de falta
quien no está de tentaciones.

1041
A un cantor le llaman güeno
cuando es mejor que los piores;
y sin ser de los mejores,
encontrándose dos juntos,
es deber de los cantores
el cantar de contrapunto.

1042
El hombre debe mostrarse
cuando la ocasión le llegue;
hace mal el que se niegue,
dende que lo sabe hacer;
y muchos suelen tener
vanagloria en que los rueguen.

1043
Cuando mozo fuí cantor
(es una cosa muy dicha);
mas la suerte se encapricha
y me persigue costante:
de ese tiempo en adelante
canté mis propias desdichas.

1044
Y aquellos años dichosos
trataré de recordar;
veré si puedo olvidar
tan desgraciada mudanza,
y quien se tenga confianza
tiemple, y vamos a cantar.

1045
Tiemple y cantaremos juntos;
trasnochadas no acobardan.
Los concurrentes aguardan,
y porque el tiempo no pierdan,
haremos gemir las cuerdas
hasta que las velas no ardan.

1046
Y el cantor que se presiente,
que tenga o no quien lo ampare,
no espere que yo dispare
aunque su saber sea mucho:
vamos en el mesmo pucho
a prenderle hasta que aclare.

1047
Y seguiremos si gusta
hasta que se vaya el día;
era la costumbre mía
cantar las noches enteras:
había entonces, donde quiera,
cantores de fantasía.

1048
Y si alguno no se atreve
a seguir la caravana,
o si cantando no gana,
se lo digo sin lisonja:
haga sonar una esponja
o ponga cuerdas de lana.

EL MORENO
1049
yo no soy, señores míos,
sino un pobre guitarrero,
pero doy gracias al cielo
porque puedo, en la ocasión,
toparme con un cantor
que esperimente a este negro.

1050
Yo también tengo algo blanco,
pues tengo blancos los dientes;
sé vivir entre las gentes
sin que me tengan en menos:
quien anda en pagos ajenos
debe ser manso y prudente.

1051
Mi madre tuvo diez hijos,
los nueve muy regulares;
tal vez por eso me ampare
la providencia divina:
en los güevos de gallina
el décimo es el mas grande.

1052
El negro es muy amoroso,
aunque de esto no hace gala;
nada a su cariño iguala
ni a su tierna voluntá;
fs lo mesmo que el macá:
cría los hijos bajo el ala.

1053
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides;
siempre he cruzado los aires
como el pájaro sin nido;
cuanto se lo he aprendido
porque me lo enseñó un flaire.

1054
Y sé como cualquier otro
el porqué retumba el trueno;
por qué son las estaciones
del verano y del invierno;
sé también de donde salen
las aguas que cain del cielo.

1055
Yo sé lo gue hay en la tierra
en llegando al mesmo centro;
en dónde se encuentra el oro,
en dónde se encuentra el Fierro
y en dónde viven bramando
loe volcanes que echan juego.

1056
Yo sé del fondo del mar
donde los pejes nacieron;
yo sé por que crece el árbol,
y por que silban los vientos:
cosas que inoran los blancos
las sabe este pobre negro.

1057
Yo tiro cuando me tiran;
cuando me aflojan, aflojo;
no se ha de morir de antojo
quien me convide a cantar;
para conocer a un cojo
lo mejor es verlo andar.

1058
Y si una falta cometo
en venir a esta riunión,
echándola de cantor,
pido perdón en voz alta
pues nunca se halla una falta
que no esista otra mayor.

1059
De lo que un cantor esplica
no falta qué aprovechar
y se le debe escuchar
aunque sea negro el que cante:
apriende el que es inorante,
y el que es sabio, apriende más.

1060
Bajo la frente mas negra
hay pensamiento y hay vida.
La gente escuche tranquila,
no me haga ningún reproche:
tambien es negra la noche
y tiene estrellas que brillan.

1061
Estoy, pues, a su mandao;
empiece a echarme la sonda,
si gusta que le responda,
aunque con lenguaje tosco:
en leturas no conozco
la jota, por ser redonda

XXX-b

MARTÍN FIERRO
1062
¡Ah, negro!, si sos tan sabio
no tengás ningun recelo:
pero has tragao el anzuelo
y al compás del estrumento
has de decirme al momento
cuál es el canto del cielo.

EL MORENO
1063
cuentan que de mi color
Dios hizo al hombre primero,
más los blancos altaneros,
los mesmos que lo convidan,
hasta de nombrarlo olvidan
y sólo le llaman negro.

1064
Pinta el blanco negro al diablo,
y el negro, blanco lo pinta;
blanca la cara o retinta
no habla en contra ni en favor:
de los hombres el criador
no hizo dos clases distintas.

1065
Y después de esta alvertencia
que al presente viene al pelo,
veré, señores, si puedo,
sigún mi escaso saber,
con claridá responder
cuál es el canto del cielo.

1066
Los cielos lloran y cantan
hasta en el mayor silencio:
lloran al cair el rocío
cantan al silbar los vientos
lloran cuando cain las aguas.
Cantan cuando brama el trueno.

MARTÍN FIERRO
1067
Dios hizo al blanco y al negro
sin declarar los mejores;
les mandó iguales dolores
bajo de una mesma cruz;
mas también hizo la luz
pa distinguir los colores.

1068
Ansi, ninguno se agravie;
no se trata de ofender,
a todo se ha de poner
el nombre con que se llama,
y a naides le quita fama
lo que recibio al nacer.

1069
Y ansí me gusta un cantor
que no se turba ni yerra;
y si en tu saber se encierra
el de los sabios projundos;
decíme cual en el mundo
es el canto de la tierra.

EL MORENO
1070
es pobre mi pensamiento,
es escasa mi razón,
mas pa dar contestación
mi inorancia no se arredra:
también da chispas la piedra
si la golpia el eslabón.

1071
Y le daré una respuesta
sigún mis pocos alcances:
forman un canto en la tierra
el dolor de tanta madre,
el gemir de los que mueren
y el llorar de los que nacen.

MARTÍN FIERRO
1072
moreno, alvierto que trais
bien dispuesta la garganta;
sos varón, y no me espanta
verte hacer esos primores;
en los pájaros cantores
solo el macho es el que canta.

1073
Y ya que al mundo vinistes
con el sino de cantar,
no te vayás a turbar,
no te agrandés ni te achiques;
es preciso que me expliques
cuál es el canto del mar.

EL MORENO
1074
a los pájaros cantores
ninguno imitar pretiende;
de un don que de otro depende
naides se debe alabar,
pues la urraca apriende a hablar,
pero sólo la hembra apriende.

1075
Y ayúdame, ingenio mío,
para ganar esta apuesta;
mucho el contestar me cuesta.
Pero debo contestar;
yoy a decir en respuesta
cuál es el canto del mar.

1076
Cuando la tormenta brama,
el mar, que todo lo encierra,
canta de un modo que aterra,
corno si el mundo temblara:
parece que se quejara
de que lo estreche la tierra.

MARTÍN FIERRO
1077
toda tu sabiduría
has de mostrar esta vez;
ganarás sólo que estés
en baca con algún Santo.
La noche tiene su canto,
y me has de decir cuál es.

EL MORENO
1078
no galope, que hay aujeros,
le dijo a un guapo un prudente
le contestó humildemente:
la noche por cantos tiene
esos ruidos que uno siente
sin saber por dónde vienen.

1079
Son los secretos misterios
que las tinieblas esconden;
son los ecos que responden
a la voz del que da un grito;
como un lamento infinito
que viene no sé de dónde.

1080
A las sombras sólo el sol
las penetra y las impone;
en distintas direcciones
se oyen rumores inciertos:
son almas de los que han muerto,
que nos piden oraciones.

MARTÍN FIERRO
1081
moreno, por tus respuestas
yo te aplico el cartabón,
pues tenés desposición
y sos estruido, de yapa:
ni las sombras se te escapan
para dar esplicación.

1082
Pero cumple su deber
el lial diciendo lo cierto,
y, por lo tanto, te alvierto
que hemos de cantar los dos,
dejando en la paz de Dios
las almas de los que han muerto.

1083
Y el consejo del prudente
no hace falta en la partida;
siempre ha de ser comedida
la palabra de un cantor.
Y aura quiero que me digas
de dónde nace el amor.

EL MORENO
1084
a pregunta tan escura
trataré de responder,
aunque es mucho pretender
de un pobre negro de estancia,
mas conocer su inorancia
es principio del saber.

1085
Ama el pájaro en los aires
que cruza por donde quiera,
y si al fin de su carrera
se asienta en alguna rama,
con su alegre canto llama
a su amante compañera

1086
La fiera ama en su guarida,
de la que es rey y Señor;
allí lanza con juror
esos bramidos que espantan,
porque las fieras no cantan:
las fieras braman de amor.

1087
Ama en el fondo del mar
el pez de lindo color;
ama el hombre con ardor;
ama todo cuanto vive:
de Dios vida se recibe,
y donde hay vida, hay amor.

MARTÍN FIERRO
1088
me gusta, negro ladino,
lo que acabás de esplicar;
ya te empiezo a respetar;
aundue al principio me rei,
y te quiero preguntar
lo que entendés por la ley.

EL MORENO
1089
hay muchas dotorerías
que yo no puedo alcanzar;
dende que aprendí a inorar
de ningún saber me asombro,
mas no ha de llevarme al hombro
quien me convide a cantar.

1090
Yo no soy cantor ladino
y mi habilidá es muy poca;
más cuando cantar me toca
me defiendo en el combate,
porque soy como los mates:
sirvo si me abren la boca.

1091
Dende que elige a su gusto,
lo más espinoso elige;
pero esto poco me aflige
y le contesto a mi modo:
la ley se hace para todos,
mas sólo al pobre le rige.

1092
La ley es tela de araña
-en mi inorancia lo esplico-.
No la tema el hombre rico;
nunca la tema el que mande;
pues la ruempe el bicho grande
y sólo enrieda a los chicos.

1093
Es la ley como la lluvia:
nunca puede ser pareja;
el que la aguanta se queja,
pero el asunto es sencillo:
la ley es como el cuchillo:
no ofiende a quien lo maneja.

1094
Le suelen llamar espada
y el nombre le viene bien;
los que la gobiernan ven
a dónde han de dar el tajo:
le cai al que se halla abajo
y corta sin ver a quién.

1095
Hay muchos que son dotores,
y de su cencia no dudo;
mas yo soy un negro rudo
y aunque de esto poco entiendo,
estoy diariamente viendo
que aplican la del embudo.

XXX-c

MARTÍN FIERRO
1096
moreno, vuelvo a decirte:
ya conozco tu medida;
has aprovechao la vida,
y me alegro de este encuentro;
ya veo que tenés adentro
capital pa esta partida.

1097
Y aura te voy a decir;
porque en mi deber está
(y hace honor a la verdá
quien a la verdá se duebla)
que sos por juera tinieblas
y por dentro claridá.

1098
No ha de decirse jamás
que abusé de tu pacencia,
y en justa correspondencia,
si algo querés preguntar,
podés al punto empezar,
pues ya tenés mi licencia.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Lo que vendrá

Incluyo en esta entrada la etiqueta "de armas y letras" -que conocimos a través de El ingenioso hidalgo... - casi como una provocación para pensar la relación entre las armas, las letras en la Historia de nuestra Nación. ¿Quién fue Jorge Cafrune? ¿Qué significó en la historia de nuestra música popular? ¿Qué tiene que ver esto con lo que canta aquí?


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domingo, 9 de septiembre de 2007

desarmada yo

“Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos.”
Bob Marley

“Mi arma mayor es la plegaria muda.”
Mahatma Gandhi


Cervantes fue soldado de la España imperial (participa en la batalla de Lepanto de 1571, padece el cautiverio en Argel), conoce y sufre las penurias de su oficio; actuó con valentía y atrevimiento tal como lo hace el Quijote.

En su discurso sobre las armas y las letras nos dice: ellas requieren tanto espíritu como las letras. Su fin es la paz. Con ellas se defienden las repúblicas.

Dedicarse a las armas cuesta la vida. En la batalla es cuando se gana el grado. Su mayor peligro es la tecnología porque desconoce el valor personal. Aunque es mayor el trabajo del soldado, es menor el premio. Es más fácil distinguir a dos mil letrados que a treinta mil soldados. El letrado puede sufrir en la vigilia hambre y desnudez, mientras el soldado a cada paso puede perder la vida.

Don Quijote manifiesta a cada instante esa rivalidad entre el hombre de acción y el de las letras.

Es la proyección de la misma vida de Cervantes. Amó las armas y sólo le dieron desilusiones. Con la prosa, la poesía y el drama alcanza el reconocimiento universal y gana el título de Caballero de la Palabra. Al igual que Cervantes, Don Quijote sufre todos los desgarramientos, porrazos, auroras y ocasos. Para él, la literatura nos hace meditar en términos de siglos, nos libera de prejuicios, es el arte del cuestionamiento. Como Cervantes su alma está pintada en el papel.

Armas y letras estuvieron siempre muy unidas, las palabras son tan poderosas como las armas, nos arrebatan, nos enloquecen y dan sentido a nuestras vidas. Pero las letras saben callarse, precisan del silencio. Y es en ausencia de las palabras cuando se les da demasiado protagonismo a las armas, y entonces hablan las guerras. Es muy difícil hablar con normalidad de las letras cuando las armas hablan de esa manera .Nos conectan con lo mas primitivo, con lo menos humano que tenemos.

La permanencia de los libros me gusta más que la de las guerras.

Hay historias que siempre están en nuestra cabeza divulgando: de manera silenciosa y sin hacérnoslo saber, se instalan bien adentro para salir de vez en cuando, el día que algún pasillo de subte nos hace sentirnos Edipo, o alguna situación extraña nos hace sentirnos pequeños, siendo acariciados por mamá y escuchando algún “había una vez…” Nos acordamos de los atractivos personajes, de sus vestidos y sus cuestionamientos. O nos acordamos de la trama de la historia, de las aventuras del quijote y de la peste en Tebas. Vivimos de nuevo, leemos de nuevo, y lo contamos diferente .Lo hacemos renacer.

Qué hizo trascendentes a la “Quinta sinfonía” de Bethoven, “Yellow Submarine” de The Beatles, “Escaleras al cielo” de Led Zeppelín. Pensemos que es lo que hace que mi papá y yo, en diferentes épocas podamos cantar “Rasguña las Piedras”

En la guerra de Malvinas perdieron la vida 649 soldados argentinos, y más de 300 combatientes se quitaron la vida al finalizar el conflicto.

En Vietnam han nacido unos 50.000 niños con malformaciones, hijos de padres rociados con el tóxico o expuestos a él a través de alimentos o agua contaminados. Hubo 58.000 muertos y 300.000 heridos.

La Segunda Guerra Mundial resultó en 55 millones de muertos en el mundo, y la Primera Guerra Mundial produjo aproximadamente ocho millones de muertos y seis millones de inválidos.

¿Qué es lo que hace a la perdurabilidad de las guerras?, ¿qué es lo que hace que los libros sean quemados, pero las guerras no?: ¿la conquista de un territorio?, ¿el enriquecimiento de algunos pocos debido a la venta de armas?

Sigmund Freud hablaba acerca del “tanatos”, el instinto de muerte presente en cada ser humano. Krishnamurti habla acerca de las guerras que mantenemos con nosotros mismos y dice que no cesarán los conflictos hasta que hasta que no haya paz adentro nuestro.

Hay algo del conflicto que es propio del ser humano y trasciende en el tiempo.

El arte une, las guerras separan. La música nos da, las guerras nos saca. Las letras nos dan cultura, las guerras nos deshumanizan.

miércoles, 29 de agosto de 2007

El caballero de las palabras

"...y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego. No dijo la sobrina, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo. Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula, y dijo el cura: Parece cosa de misterio ésta; porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen déste; y así, me parece que, como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos, sin escusa alguna, condenar al fuego. No, señor dijo el barbero, que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar. Así es verdad dijo el cura, y por esa razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto a él. Es dijo el barbero las Sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de Gaula. Pues, en verdad dijo el cura que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama: abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer".

Y la ventana siguió abierta por un largo rato...

En éste capítulo de El Quijote, descubrimos su biblioteca y vemos la selección que el cura y el barbero hacen de sus libros. Algunos sobreviven, y otros son arrojados por la ventana para ser quemados.

Pero estos atentados a la palabra, al arte, al registro de ideas y pensamientos de millones de hombres, no encuentran representación solamente en los libros que sobrevivieron. La historia está llena de estos actos de ignorancia. Instituciones religiosas, gobiernos dictatoriales, regímenes fascistas, y otros, fueron los bibliocidas. Durante el Proceso en nuestro país, la quema de libros fue una política represiva "purificadora" del ser nacional. Los militares buscaban eliminar aquellos textos supuestamente subversivos. Los tiraban por la ventana. Como idea diferente que sale de cabeza loca (también tiraban locos por la ventana). Esta fue una guerra entre las armas y las letras. En nuestra realidad, estos dos conceptos no van de la mano. Lo describe Federico Jeanmaire en su autobiografía Papá donde cuenta su sufrimiento en el ejército. Y este enfrentamiento está presente desde siempre. En la ficción y en la realidad. ¿Será por que son dos fuerzas que siempre van a ser dos y nunca una va a ganarle a la otra? Y nosotros nos sentimos identificados con esta guerra porque la vivimos. Desde la dictadura en nuestro país hasta ser obligado a hacer algo que no se desea (como estar con los brazos quietos, perpendiculares al cuerpo, cerrando el puño y sufriendo la tortura, en vez de estar usándolos para escribir).

Sin embargo, es posible lograr la armonía. En otra realidad conocemos a Don Quijote, y en la nuestra, a su autor Miguel de Cervantes. Ambos amantes de las aventuras, y ambos creadores de historias.

Quijote es un caballero que viaja y protagoniza muchos motivos literarios (la quema de libros, las típicas historias de amor, el héroe y su compañero, son algunos pocos de ellos), y a la vez escribe su propia historia, la historia que quiere vivir. Como en un gran escenario, improvisa, porque Alonso Quijano es un actor, y el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, su personaje preferido, el que ya lleva en la piel y no quiere sacar.

Y Cervantes, el soldado aventajado, el enamorado del ejército, el caballero de las palabras, el gran director de esta obra. La que deleita a sus lectores, la que es un clásico universal, y la que no fue tirada por la ventana.

Don Quijote y Cervantes: dos realidades distintas que ejemplifican la combinación perfecta y armoniosa de las armas y las letras.